Salía del trabajo en bici y la he visto sentada en un banco del campus. Tatiana, una chica de mi pueblo. Tatiana "la tetona", no Tatiana "la caracaballo". Sobra decir de dónde le viene el mote.
La he visto y no tenía muy claro por qué me sigue cayendo mal después de tanto tiempo. Si en realidad nunca hablé con ella. Es curioso como alguna gente de tu pasado sigue provocando las mismas sensaciones pasados los años...
Ahora recuerdo: me caía mal porque el año de COU salía con el chico que me gustaba a mí. Y tenían con él una relación completamente tortuosa, de esas intermitentes, en las que constantemente andaban rompiendo y volviendo. Alberto era el chico. ¿Alberto qué más? Eso no puedo recordarlo. Se sentó delante de mí durante todo el curso de 3º, pero era muy callado y un poco tímido, sólo pensaba en hacer surf y no quería saber nada de chicas. Reparé en él justo al final de curso, y siendo tan cabezota como he sido siempre, el enganche me duró casi un año. Mi amigo Nacho fue a hablar con él, a pesar de que yo no quería que lo hiciese, sin resultados, obviamente. En realidad Nacho lo que buscaba era ligar con su hermana, con la de Alberto, no con la suya propia. La hermana de Nacho se llama Patricia, y fue novia de mi mejor amigo Tato durante varios años. Ella y su mejor amiga, que también se llamaba Patricia y que a su vez salía con mi otro mejor amigo, Fernando, me odiaban. Yo no terminaba de comprender por qué, pero probablemente tenía que ver con que por aquel entonces Tato, Fernando y yo nos pasábamos todo el día juntos. Hasta que llegaron ellas, e impusieron como condición que no nos viéramos tan a menudo. El resultado fue que yo dejé de ver a mis dos amigos, al menos en público. Probablemente Patricia no sospecha que las rosas que le llevaba Tato las había cortado yo previamente de mi jardín.
La verdad es que nunca he tenido suerte con las Patricias. Ni con las Tatianas. Tatiana "la caracaballo" tampoco era de mi agrado, pero eso se debía a que ella empezó despreciándome desde el principio y sin motivos, cuando teníamos unos once años y estábamos en la misma escolanía. Después con el tiempo coincidimos en el mismo grupo de gente, y seguía despreciándome hasta el punto de ni siquiera dirigirme un saludo. Yo la odiaba por eso, y porque se había liado con mi novio, antes de que lo fuera, pero nunca se lo perdoné. Ni a ella, ni a él, ¿por qué con "la caracaballo"? Si no tiene el más mínimo interés.
No es que me importe lo más mínimo ninguna de estas historias, pero me han hecho recordar las ganas que tenía de salir de aquel pueblo. No porque me fuera mal, que siempre conseguí tener mi grupo de amigos y pasarlo bien, sino por los cien grados de conexión que tenía con cada uno de sus habitantes. En Sevilla también se conoce la gente entre sí, pero siempre hay la posibilidad de encontrar un grupo de guiris pirados que montan un cuadro flamenco en cualquier parte en un abrir y cerrar de ojos.